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Vocalista, multiinstrumentista y compositor, Richard Bona ha gozado de una vida de aventuras, genialidad y logros. Nació en 1967 en el pueblo de Minta, en Camerún, y comenzó a tocar en público con cinco años.
En 1980 la vida de Richard cambió cuando un francés se trasladó a la ciudad y fundó un club de jazz en un hotel de la zona. Éste oyó hablar de Richard y le pidió que formara un grupo. "No sabía nada de jazz", dice Richard, "pero me pagaba muy bien, así que toqué". El hotel le suministraba los instrumentos, con lo que se pasaba todo el día allí, tocando y aprendiendo. El propietario del club tenía una colección de 400-500 álbumes de jazz y le pidió a Bona que aprendiera con ellos. Tras una larga temporada allí y tras la muerte de su padre, decidió trasladarse a París a los 22 años.
Richard permaneció siete años en París en una escuela de música. En una visita a Senegal con su grupo Point Cardinale, para una actuación en un festival de jazz, la flautista americana Colette Michaan invitó a Richard a Nueva York para una visita de cuatro días que se convirtieron en dos semanas. Bona no hablaba inglés, pero Colette le ayudó y le presentó. Los artistas le acogieron con gran interés y Richard se dio cuenta de que ése era el mundo al que pertenecía.
Bona se trasladó a Nueva York a finales de 1995. Contactó con Joe Zawinul y tocó con él en París. También se unió a él para la grabación de My people y en un gira mundial. De regreso a Nueva York, Bona realizó numerosas actuaciones en los clubes de la ciudad. Jake Holmes, compositor de Harry Belafonte, le escuchó en uno de esos clubes. A partir de ahí, Richard se convirtió en el director musical de Belafonte durante año y medio.
Pronto Richard se puso a trabajar con músicos tan ilustres como Larry Coryel, Michael y Randy Brecker o Steve Gadd. Conoció a Branford Marsalis en 1998, asesor creativo del departamento de Jazz de Columbia. A finales de ese mismo año, la compañía le contrató para grabar su primer álbum, Scenes from my life. Este álbum incluye al teclista de Bona, Jean-Michel Pilc, y a artistas invitados como Michael Brecker y Omar Hakim, en el que se aprecia no sólo el poder y conocimiento de Bona sobre el instrumento, sino la riqueza y expresividad de su voz y sus cualidades en la composición.
Richard Bona se ha establecido en Manhattan, donde ofrece la fuerza de sus propias raíces africanas, su capacidad para el jazz y sus impactantes reflexiones líricas.
La recaudación se destinará a proyectos de cooperación con África.
Espacio Cultural CajaCanarias
Plaza del Patriotismo, 1
38001 Santa Cruz de Tenerife