| 19 de diciembre de 2008 | Hora: 20:30 |
| del 20 de diciembre de 2008 al 5 de enero de 2009 | Hora: 20:30 |
Esta obra, original del dramaturgo francés Georges Feydeau, cuenta con la dirección de Georges Lavaudant y ha sido adaptada al español por Luis Blat. En ella participan destacados actores como Noria Espert, Gonzalo de Castro, Tomás Pozzi, Jordi Bosch, Ana Frau, Carmen Arévalo y Manuel Millán.
Argumento
Describe la historia de Sebastián Rebollo, un fabricante de loza, que invita a comer en su elegante casa a un importante cliente: el señor Chitín, presidente de la comisión encargada de decidir la adquisión, por parte del ejército francés, de orinales para los soldados. Rebollo espera conquistar el mercado con una porcelana supuestamente irrompible. Pero varios acontecimientos desagradables van a hundir sus planes: la porcelana no resulta tan resistente como esperaba y su mujer, Julia, en vez de atender al invitado se lamenta de los caprichos de su hijo, Totó, que se niega a tomar un purgante.
Hay que purgar a Totó se estrenó en 1910 en el Theatre des Nouveautés de París, con gran acogida de crítica y público. Es un trabajo característico de la última etapa de Feydeau con obras en un acto en las que lo cómico descansa menos sobre las fórmulas clásicas del vodevil y más sobre el cuadro -sin tapujos- de los protagonistas.
Al igual que en las farsas medievales, lo cómico surge de situaciones y de personajes estereotipados, de recurrir a los accesorios, a los juegos de palabras obscenas. Rebollo (Follavoine, en la obra original) es la figura del soldado fanfarrón, el charlatán, el comerciante corrupto e incluso del malabarista (sin mucho arte, cuando tira sus orinales); Julia es el arquetipo de la maruja; Rosa el de la sirvienta boba y Cayetano Chitín es el cornudo de toda la vida. Se trata de una pantomima que puede no sólo hacernos reír, sino también emocionarnos e indignarnos. En esta “farsa conyugal”, los vicios como la mediocridad, la mezquindad, la soberbia, la incultura y la hipocresía de los pequeño-burgueses, se diseccionan sin piedad.